El rompecabezas del packaging: así estamos dando forma (nunca mejor dicho) a nuestro AOVE

El rompecabezas del packaging: así estamos dando forma (nunca mejor dicho) a nuestro AOVE

Si algo estoy aprendiendo en este camino de montar nuestro propio proyecto de Aceite de Oliva Virgen Extra ecológico es que:

cuando no tienes detrás un presupuesto enorme ni una financiación que te quite todos los dolores de cabeza, cada paso se convierte en una pequeña batalla. Y creedme, este mes la batalla tiene nombre y apellidos: envases, botellas, tapones, etiquetas y cajas de embalaje. Suena a algo puramente estético, pero es mucho más que eso. Es la piel de nuestro aceite, lo que lo protege y lo presenta al mundo, y elegirlo bien es una locura.

Lo primero que teníamos claro era lo que **no** queríamos.

Y en esa lista negra, el plástico estaba en el número uno con letras mayúsculas. No es solo una cuestión de principios, que también. Nuestro AOVE se elabora de forma ecológica, con un respeto casi obsesivo por la tierra y un impacto ambiental que queremos que sea mínimo, tirando a K0. Nos chirriaba muchísimo cuidar tanto las olivas en el campo y en la almazara para luego embotellar ese oro líquido en plástico. Pero es que, además, la experiencia nos ha dado razones de peso. El AOVE simplemente no se conserva igual en plástico que en cristal o en lata; es un producto vivo y el plástico no lo protege de la misma manera de la luz y el oxígeno. Y por si la teoría no bastara, la práctica nos ha dado el empujón definitivo: más de un disgusto nos hemos llevado con las empresas de transporte, que nos han machacado botellas de plástico en los envíos. Así que, plástico, directamente descartado.

Dicho esto, empieza el verdadero rompecabezas.

Porque aquí, desgraciadamente, el dinero sí que importa, y mucho. Cuando estás empezando, te enfrentas a la cruda realidad de las pruebas. Te gustaría pedir muestras de diez tipos de botellas de cristal, de cinco modelos de latas, de tapones con distintos diseños… pero cada prueba supone un pico. Los proveedores te exigen cantidades mínimas para ver los productos en mano y hacer tests reales, y esos pedidos, aunque sean pequeños para ellos, para nosotros son un presupuesto elevadísimo. Es una pescadilla que se muerde la cola: necesitas probar para no equivocarte, pero probar cuesta un dinero que no te sobra.

Y luego está la paradoja que más rabia me da, packaging que son una auténtica belleza.

Encuentras proveedores con unos formatos de packaging que son una auténtica belleza, cosas que sabes que harían que nuestro aceite brillara en cualquier estante. Te ilusionas, pides precios… y te topas con el muro. O las cantidades mínimas son una barbaridad, imposibles de asumir para nuestra cosecha, o tienes que traer el pedido desde el otro lado del mundo. Es surrealista: nosotros, peleándonos con las malas hierbas sin usar un solo herbicida, mimando el suelo y los bichos que viven en él, elaborando un AOVE ecológico con una huella de carbono mínima… ¿y luego el packaging tiene que viajar 3.000 kilómetros o los que sean hasta llegar a nuestras manos? Algo no encaja, y nos duele. Pero es lo que hay cuando no manejas grandes volúmenes.

Aun con todo, respiramos aliviados porque ya hemos cerrado la elección.

Después de darle mil vueltas, de cuadrar números y de pensar en lo que es mejor para el aceite y para vosotros, lo tenemos claro. Para la cosecha de 2026, nuestros nuevos formatos serán únicamente dos: cristal y lata para alimentación. Punto. No hay más. Son los materiales que mejor conservan todas las propiedades de nuestro AOVE, los que nos permiten dormir tranquilos sabiendo que el producto os llega en perfectas condiciones y los que, además, se alinean con esa filosofía de respeto que queremos impregnar en cada rincón del proyecto.

Sé que estáis esperando verlos, y yo tengo un mono terrible de enseñároslos.

Así que, en nada, os presentamos los nuevos formatos. Mientras tanto, solo quería compartiros este trocito de trastienda, para que sepáis que detrás de cada botella que tendréis en vuestras manos hay mucho más que aceite: hay horas de pelea con proveedores, cálculos, principios y algún que otro quebradero de cabeza. Pero también mucha ilusión.

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