Hay pocos árboles que representen tan bien la historia, la resistencia y la esencia de nuestro paisaje como el olivo. Son ejemplares capaces de soportar sequías, tormentas y el paso de décadas —o incluso siglos— sin perder su majestuosidad. Sin embargo, cuando el tronco principal comienza a secarse y la madera muere por dentro, muchos piensan que ha llegado el final del árbol. Pero la naturaleza tiene mecanismos sorprendentes para renacer, y esta semana hemos tenido el privilegio de comprobarlo en primera persona.
En nuestra última jornada en el campo, nos enfrentamos al reto de recuperar un olivo de más de 100 años que se encontraba en un estado muy delicado. Su tronco principal estaba completamente seco y no tenía continuidad vegetativa en la parte superior, pero en la base, cerca de las raíces, se adivinaba una gran fuerza reprimida.
En este artículo os explicamos paso a paso cómo abordamos esta intervención de reconstrucción y cuáles son las claves para conseguir que un ejemplar centenario vuelva a ser productivo y estar sano.
1.- El corte de rejuvenecimiento: un punto de inflexión
Cuando la madera de un tronco principal se pudre o se seca, se convierte en un foco de infecciones y de atracción para los hongos que puede acabar destruyendo todo el sistema radicular. La solución más directa y efectiva es realizar un corte de rejuvenecimiento (o terciado).En nuestro caso, realizamos un corte limpio a una altura de unos 100 centímetros respecto al suelo. Esta operación permite sanear toda la parte muerta, reducir el peso inútil que soportaba la cepa y abrir espacio para la nueva vegetación. El corte se hizo manteniendo una ligera inclinación para evitar que el agua de la lluvia se acumule sobre él.
2.- Apostar por los retoños de la base
A diferencia de otras especies, el olivo tiene una capacidad de rebrote extraordinaria desde la cepa y las raíces primarias. Alrededor del viejo tronco recortado, comenzaron a nacer de inmediato numerosos chupones o brotes jóvenes llenos de hojas verdes y vigorosas. Estos brotes no son maleza que se deba limpiar de golpe; son el futuro del árbol. Durante las primeras etapas, es vital no eliminar todos los brotes de golpe. Las hojas nuevas son el motor fotosintético que se encarga de enviar nutrientes a las raíces para mantener la viabilidad de un sistema radicular centenario que necesita mucha energía para reorganizarse.
3.- La formación del árbol a dos pies
Para la reconstrucción de este ejemplar hemos elegido una forma de guiado muy tradicional y eficiente: el desarrollo a dos pies (dos troncos principales).Esta estructura presenta grandes ventajas:
- Equilibrio y reparto de fuerza: Dos troncos opuestos permiten repartir la carga de manera uniforme sobre la vieja peana.
- Mejor iluminación y ventilación: La copa queda abierta en el centro, mejorando la circulación del aire y reduciendo el riesgo de enfermedades como el repilo.
- Facilidad de manejo: Hace que las tareas de poda, tratamiento y recolección futuras sean mucho más cómodas.Para conseguirlo, haremos una selección progresiva: de todos los chupones que crecen actualmente, elegiremos los dos más fuertes, rectos y bien posicionados en lados opuestos de la cepa. Los iremos guiando para que se conviertan en los nuevos ejes principales.
4.- Cuidado inmediato y protección de la cepa
Tras el corte, quedan dos detalles cruciales para cerrar el proceso con éxito:
- Aplicación de pasta cicatrizante: Es indispensable cubrir toda la superficie del gran corte con mástic o pasta protectora con fungicida. Esto sella la madera y evita que la humedad y los patógenos penetren hacia el interior.
- Limpieza del serrín: Se debe retirar todo el serrín acumulado en la base para no generar un foco excesivo de humedad alrededor de la corteza inferior.
Recuperar un árbol de esta edad no es solo un trabajo agrícola; es un acto de respeto por el patrimonio natural. Ahora solo queda acompañar el proceso, aportar los nutrientes necesarios y ver cómo estos dos nuevos pies se levantan con la fuerza de un siglo de historia a sus espaldas.
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